¡Qué mona, Berlin! Es como mi Nika. Yo nunca me había planteado tener gato, y cuando por fin lo hice debido a mi imposibilidad ahora mismo de atender debidamente a un perro, pensé en un persa. Y fíjate, mi veterinaria me dijo que estaba intentando colocar un montón de gatitos que había en una huerta para que las dueñas no los sacrificasen, porque tenían allí cerca de 15 o 20 que se iban reproduciendo entre ellos (con lo fácil que sería esterilizarlos, pero claro, una pasta). Fui, y la elegí a ella, me gustó su color, y los ojazos que tenía, en contraste con su cara de ratita. Era un poco arisca, en qué nos vimos de pillarla (ninguno quería dejarse coger, no sólo ella). Cuando llegó a mi piso nos hizo pasar hora y media malísima, se escondió dentro del pie del bidé y no decía ni mu, imagínanos a mi novio y a mí buscándola, hasta mirando ventana abajo

Ahora nos reimos, pero teníamos un susto encima... Hasta que la tía parece que se cansó de estar ahí encajonada y la oímos resoplar... Esa misma noche la subí a la cama y se puso a ronronear como una moto, con lo chiquitina que era. Y desde entonces, unidas para siempre. Ha sido una sorpresa muy grata todo lo que tienen los gatos que aportar, me encanta observarla, y me sorprende cada día.
